Propuesta:
Juegos literarios:
Se proponen dos ejercicios de escritura:
a- Escribir la historia que cuenta Macario desde la perspectiva de otro personaje del cuento.
b- Leer "El jardín encantado" y reinventarlo desde la óptica del niño de la casa.
a) La madrina de Macario
- Quedáte ahí, junto a la alcantarilla... Y con esta tabla pegale a las ranas que salgan. ¡Tanto alboroto y griterío de rana no me ha dejado dormir!
Que por lo menos haga algo provechoso. A esta hora Felipa todavía no ha empezado a preparar el almuerzo, los trastos están limpios y hay bastante leña para prender el fogón. Haciendo el trabajito que le he encargado nos hace un bien a todos, comiendo el garbanzo de los cerdos y el maíz de los puercos, o colgándose de mi planta de granadas lo único que logra es perder el tiempo.
¡Qué muchachito éste! Mirá que hago cosas por él... A veces me parece que no es suficiente: tratar de educarlo, darle de comer -parece un barril sin fondo-, llevarlo a la Iglesia...
¡Qué destino le ha tocado! Sin dudas es muy duro perder a los padres desde pequeño. Decí que nos tiene a Felipa y a mí.
A veces, se me ocurre que es así como es, por todo lo que ha sufrido. Otras veces pienso que tiene razón la gente cuando dice que está loco. Esa costumbre estúpida que tiene de golpearse la cabeza contra el suelo o las paredes. Felipa dice que no le funciona bien el cerebro. Me parece que siente lástima por él.
Lo llevo a la Iglesia cada vez que puedo. Lo obligo a rezar y a oír misa. A ver si se le van esos demonios que tiene dentro del cuerpo. Su cuarto lleno de chinches, cucarachas y alacranes es porque va a irse derechito al infierno. La verdad, yo no quiero ni entrar allí.
Ha dicho muchas veces que le teme al infierno y que le teme a la muerte. ¿Será por lo que le sucedió a los padres? ¿Será por eso que a veces se porta tan raro?
Por lo pronto, más le vale que se quede donde le he dicho; que mate esas malditas ranas que no dejan dormir. De lo contrario, le pediré a San Judas Tadeo -patrono de las causas perdidas- que mande al diablo para que lo arrastre al infierno.
b) El
jardín encantado (desde la óptica de Giovaninno)
Me gustaba jugar con Serenilla en
las vías del tren. Podíamos jugar horas y horas, de muchas maneras. Disfrutaba de
su compañía porque no era como las otras niñas que siempre tienen miedo y andan
llorando por cualquier cosa. Estábamos sobre las vías y me di cuenta que iba a llegar un tren.
- ¿Dónde vamos, Giaovaninno? –me preguntó
Serenilla y casi inmediatamente encontré un hueco en el seto que iba paralelo a
la vía del lado de la colina.
Pasé primero y le di la mano a mi
compañera de juegos para ayudarla a pasar. Nos encontramos en el rincón de un
jardín. Había árboles enormes y caminitos con piedras. Caminábamos en puntitas
de pie para no hacer ruido.
El jardín era hermoso pero sentíamos
mucha ansiedad porque podían echarnos. Me preguntaba si el lugar estaría
abandonado.
En lo alto del jardín vimos una casa
con cortinas amarillo y naranja. Todo estaba desierto. Seguimos caminando por
el sendero y encontramos una carretilla. Serenilla se subió y yo la llevaba. De
vez en cuando ella señalaba una flor que le gustaba y yo la cortaba y se la
daba.
Llegamos a una pileta. Sentí muchas
ganas de refrescarme y le pregunté a Serenilla si nos tirábamos. Ella dejó el
ramo sobre la carretilla. Yo me tiré primero desde el borde –no usé el trampolín
para no hacer tanto ruido-. Cuando llegué al fondo abrí los ojos y vi que Serenilla
también se había tirado. Le di la mano y salimos de la pileta por la otra
punta. Pero no disfrutábamos del todo lo que hacíamos porque podíamos ser
echados de ahí.
Cerca de la pileta encontramos una
mesa de ping pong. Jugamos un ratito tratando de no hacer ruido pero de repente
la pelota dio un rebote; la desvié y pegó en un gong que estaba colgado en una
especie de armazón que sostenía una enredadera, produciendo un sonido tan largo
que me pareció que no terminaría nunca.
Nos escondimos. Vimos que llegaban
dos criados con bandejas muy grandes. Las apoyaron en una mesa y se fueron. En
las bandejas había té, leche y biscochos. Tomamos y comimos sin disfrutar
porque estábamos incómodos y teníamos miedo.
Entonces decidimos acercarnos a la
casa en puntitas de pie. Miramos entre las tablitas de la persiana y vimos un
chico. Pensamos que era el dueño de la casa y del jardín. ¡Qué suerte tenía!
Estaba sentado en una mecedora y hojeaba un libro. Tenía las manos muy blancas
y estaba vestido con un piyama cerrado hasta el cuello.
Se puso de pie. Parecía incómodo.
Daba vueltas por la habitación caminando lentamente. Tal vez nos escuchó o
sospechó que lo espiaban.
Nuestros corazones nos latían con
fuerza. Él recorría la habitación y con sus blancas manos acariciaba los
muebles. De repente se detuvo. Se quedó inmóvil unos segundos y luego giró la
cabeza clavando su mirada en la ventana por donde espiábamos. Entonces se sonrió
apenas y chasqueó los dedos con su mano en alto.
Todo comenzó a girar en un gran
torbellino a muchísima velocidad. Lo único que podía ver con claridad era la
cara asombrada de Serenilla que me gritaba que no entendía lo que estaba
ocurriendo. Yo tampoco, pero estaba realmente asustado. Le dije a Serenilla que
cerráramos los ojos. Cuando sentimos la calma volvimos a abrirlos. Estábamos
parados en medio de un campo inmenso, la casa y el jardín habían desaparecido.
Foro Obligatorio: Narradores, reescrituras y otras yerbas.
“Macario”
De Juan Rulfo es un relato en 1º persona. Es un narrador homodiegético
ya que forma parte de la historia que cuenta. Fragmentos que evidencian
este tipo de narrador:
…“Estoy sentado junto a la alcantarilla aguardando a que salgan las ranas”…
…“Felipa sólo se está en la cocina arreglando la comida de los tres. No hace otra cosa desde que yo la conozco. Lo de lavar los trastes a mí me toca. Lo de acarrear leña para prender el fogón también a mí me toca. Luego es mi madrina la que nos reparte la comida. Después de comer ella, hace con sus manos dos montoncitos, uno para Felipa y otro para mí”…
En cuanto a la cantidad de información de que dispone el narrador, podemos afirmar que éste es equiscente, ya que narra en primera persona para contar su propia historia, pero tiene una mirada parcial de la misma. La narración se focaliza en el punto de vista de Macario, quien narra sobre sus sentimientos, sus gustos, sus miedos y sus creencias. Fragmentos que dan cuenta de ello:
…”No, mi madrina me trata bien. Por eso estoy contento en su casa. Además, aquí vive Felipa. Felipa es muy buena conmigo. Por eso la quiero... La leche de Felipa es dulce como las flores del obelisco. Yo he bebido leche de chiva y también de puerca recién parida; pero no, no es igual de buena que la leche de Felipa...”
…”De cualquier modo, yo estoy más a gusto en mi cuarto que si anduviera en la calle, llamando la atención de los amantes de aporrear gente. Aquí nadie me hace nada”
…”A veces no le tengo tanto miedo al infierno. Pero a veces sí. Luego me gusta darme mis buenos sustos con eso de que me voy a ir al infierno cualquier día de éstos, por tener la cabeza tan dura y por gustarme dar de cabezazos contra lo primero que encuentro. Pero viene Felipa y me espanta mis miedos. Me hace cosquillas con sus manos como ella sabe hacerlo y me ataja el miedo ese que tengo de morirme. Y por un ratito hasta se me olvida”...
…”Porque yo creo que el día en que deje de comer me voy a morir, y entonces me iré con toda seguridad derechito al infierno. Y de allí ya no me sacará nadie, ni Felipa, aunque sea tan buena conmigo, ni el escapulario que me regaló mi madrina y que traigo enredado en el pescuezo”...
Sin embargo, este narrador no puede reponer hechos del pasado:
…”Un día inventaron que yo andaba ahorcando a alguien; que le apreté el pescuezo a una señora nada más por nomás. Yo no me acuerdo. Pero, a todo esto, es mi madrina la que dice lo que yo hago y ella nunca anda con mentiras.”
Ni conoce todo lo que ocurre a su alrededor:
…”Dicen en la calle que yo estoy loco porque jamás se me acaba el hambre. Mi madrina ha oído que eso dicen. Yo no lo he oído”
Tampoco conoce lo que los demás personajes piensan, sólo narra lo que ellos le dicen.
…”Felipa dice, cuando tiene ganas de estar conmigo, que ella le cuenta al Señor todos mis pecados. Que irá al cielo muy pronto y platicará con Él pidiéndole que me perdone toda la mucha maldad que me llena el cuerpo de arriba abajo. Ella le dirá que me perdone, para que yo no me preocupe más.”
"El camino de las cosas buenas está lleno de luz. El camino de las cosas malas es oscuro." Eso dice el señor cura...”
…”Y mi madrina dice que si en mi cuarto hay chinches y cucarachas y alacranes es porque me voy a ir a arder en el infierno si sigo con mis mañas de pegarle al suelo con mi cabeza.”
Está narrado en tiempo presente, tiempo por excelencia de este tipo de narrador.
…“Estoy sentado junto a la alcantarilla aguardando a que salgan las ranas”…
…“Felipa sólo se está en la cocina arreglando la comida de los tres. No hace otra cosa desde que yo la conozco. Lo de lavar los trastes a mí me toca. Lo de acarrear leña para prender el fogón también a mí me toca. Luego es mi madrina la que nos reparte la comida. Después de comer ella, hace con sus manos dos montoncitos, uno para Felipa y otro para mí”…
En cuanto a la cantidad de información de que dispone el narrador, podemos afirmar que éste es equiscente, ya que narra en primera persona para contar su propia historia, pero tiene una mirada parcial de la misma. La narración se focaliza en el punto de vista de Macario, quien narra sobre sus sentimientos, sus gustos, sus miedos y sus creencias. Fragmentos que dan cuenta de ello:
…”No, mi madrina me trata bien. Por eso estoy contento en su casa. Además, aquí vive Felipa. Felipa es muy buena conmigo. Por eso la quiero... La leche de Felipa es dulce como las flores del obelisco. Yo he bebido leche de chiva y también de puerca recién parida; pero no, no es igual de buena que la leche de Felipa...”
…”De cualquier modo, yo estoy más a gusto en mi cuarto que si anduviera en la calle, llamando la atención de los amantes de aporrear gente. Aquí nadie me hace nada”
…”A veces no le tengo tanto miedo al infierno. Pero a veces sí. Luego me gusta darme mis buenos sustos con eso de que me voy a ir al infierno cualquier día de éstos, por tener la cabeza tan dura y por gustarme dar de cabezazos contra lo primero que encuentro. Pero viene Felipa y me espanta mis miedos. Me hace cosquillas con sus manos como ella sabe hacerlo y me ataja el miedo ese que tengo de morirme. Y por un ratito hasta se me olvida”...
…”Porque yo creo que el día en que deje de comer me voy a morir, y entonces me iré con toda seguridad derechito al infierno. Y de allí ya no me sacará nadie, ni Felipa, aunque sea tan buena conmigo, ni el escapulario que me regaló mi madrina y que traigo enredado en el pescuezo”...
Sin embargo, este narrador no puede reponer hechos del pasado:
…”Un día inventaron que yo andaba ahorcando a alguien; que le apreté el pescuezo a una señora nada más por nomás. Yo no me acuerdo. Pero, a todo esto, es mi madrina la que dice lo que yo hago y ella nunca anda con mentiras.”
Ni conoce todo lo que ocurre a su alrededor:
…”Dicen en la calle que yo estoy loco porque jamás se me acaba el hambre. Mi madrina ha oído que eso dicen. Yo no lo he oído”
Tampoco conoce lo que los demás personajes piensan, sólo narra lo que ellos le dicen.
…”Felipa dice, cuando tiene ganas de estar conmigo, que ella le cuenta al Señor todos mis pecados. Que irá al cielo muy pronto y platicará con Él pidiéndole que me perdone toda la mucha maldad que me llena el cuerpo de arriba abajo. Ella le dirá que me perdone, para que yo no me preocupe más.”
"El camino de las cosas buenas está lleno de luz. El camino de las cosas malas es oscuro." Eso dice el señor cura...”
…”Y mi madrina dice que si en mi cuarto hay chinches y cucarachas y alacranes es porque me voy a ir a arder en el infierno si sigo con mis mañas de pegarle al suelo con mi cabeza.”
Está narrado en tiempo presente, tiempo por excelencia de este tipo de narrador.
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